Hay goles que cambian campeonatos y penales que deciden finales. Y después está el remate de Diana Ross en la inauguración del Mundial de Estados Unidos 1994: una pelota que pasó varios metros afuera del arco, un estadio entero conteniendo la respiración y un arco que, desafiando toda lógica, se rompió igual como si hubiera recibido un bombazo al ángulo.
Treinta y dos años después, aquella escena sigue apareciendo una y otra vez en las recopilaciones de los momentos más insólitos de la historia de los Mundiales. No hubo VAR, ni memes en tiempo real, ni redes sociales que amplificaran el papelón. Aun así, el blooper sobrevivió al paso del tiempo y terminó convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de Estados Unidos 1994.
Paradójicamente, el error no arruinó el espectáculo. Lo inmortalizó.
El contexto era el de un país que todavía miraba al fútbol con cierta distancia. Una encuesta realizada antes del torneo había revelado que seis de cada 10 estadounidenses ni siquiera sabían que la Copa del Mundo se disputaría allí. La atención mediática, además, estaba puesta en otro lado: mientras el balón comenzaba a rodar en Chicago, gran parte de las cadenas seguía la persecución policial de O.J. Simpson por las autopistas de Los Ángeles.
En el Soldier Field, sin embargo, la FIFA quería ofrecer un show gigantesco, con una impronta 100% estadounidense. Más parecido al entretiempo del Super Bowl que a una ceremonia tradicional de fútbol. Diana Ross era la gran estrella de la noche, acompañada por Jon Secada y Daryl Hall.
Vestida con un llamativo conjunto rojo, zapatillas blancas y rodeada por decenas de bailarines, la cantante apareció al ritmo de “I'm Coming Out”. Mientras avanzaba por el campo en medio de una coreografía cuidadosamente ensayada, todo estaba preparado para el gran cierre de su actuación.
El libreto era simple. Ross debía ejecutar un penal, el arquero intentaría atajarlo sin demasiado entusiasmo y, cuando la pelota ingresara, un arco especialmente construido para la ocasión se partiría en dos. Ella atravesaría el arco roto rumbo al escenario mientras explotaban los fuegos artificiales detrás.
Parecía imposible que saliera mal. Pero salió muy mal.
A pocos metros del arco, Ross tomó carrera. Se acercó a la pelota, frenó, volvió hacia atrás, intentó otra aproximación y finalmente impactó el balón de una manera tan defectuosa que terminó enviándolo muy lejos del poste izquierdo. El arquero ni siquiera tuvo oportunidad de intervenir.
Durante una fracción de segundo quedó congelada, mirando incrédula hacia un costado, como preguntándose qué hacer ahora. Entonces ocurrió el milagro del guion.
Aunque la pelota jamás había entrado, el mecanismo se activó igual. El arco se abrió exactamente como estaba previsto, los fuegos artificiales estallaron detrás y Diana Ross, sin perder la sonrisa, cruzó entre los dos postes como si nada hubiera pasado antes de continuar con su espectáculo.
Fue una reacción impecable. En lugar de esconder el error, lo absorbió con naturalidad y siguió adelante. Quizás por eso la escena terminó siendo mucho más simpática que vergonzosa.
Los pocos espectadores que entendían realmente de fútbol -entre ellos los miles de hinchas bolivianos que habían viajado para ver a su selección regresar a un Mundial después de 44 años y los aficionados alemanes presentes para alentar al campeón defensor- estallaron en carcajadas. Gran parte del público estadounidense, en cambio, creyó que todo formaba parte del espectáculo.
Después del show llegó el protocolo habitual. Franz Beckenbauer exhibió el trofeo que Alemania había conquistado en Italia 1990 y minutos más tarde comenzó el partido inaugural. Los alemanes vencieron 1-0 a Bolivia con un gol de Jürgen Klinsmann en un encuentro que quedó rápidamente eclipsado por lo que había ocurrido antes del pitazo inicial.
Con el paso del tiempo, el penal errado de Diana Ross terminó adquiriendo vida propia. El video sigue circulando en internet y muchos lo califican como uno de los grandes bloopers deportivos de todos los tiempos.
La propia cantante nunca se mostró demasiado afectada por aquella noche. Años después recordó el episodio con humor e incluso dejó abierta la puerta para una revancha. Cuando le preguntaron si aceptaría participar en el Mundial 2026, volvió a sonreír: dijo que estaría encantada y que, si otra vez fallaba el penal, siempre podría terminar haciendo una publicidad para Pizza Hut.